Cuando los cirujanos Frank Gerow y Thomas Cronin ofrecieron a Timmie Jean Lindsey la oportunidad de ser la primera mujer en recibir un implante de senos, ninguno de los tres imaginó las duraderas repercusiones que tendría el éxito de su operación. Jean Lindsey había entrado al quirófano del hospital Jefferson Davis en Houston, Texas, para removerse un tatuaje de un seno y más que sus senos, le preocupaban sus orejas, las cuales también fueron arregladas durante la cirugía. Era la primavera de 1962, y cincuenta años después, el aumento de talla del busto de Timmie Jean Lindsey ha implicado uno de los procedimientos más solicitados y reconocidos de la cirugía estética.
Al salir de su cirugía, Lindsey recuerda como sus senos se sentían igual a los reales, suaves. Sin embargo la real magnitud del cambio la sintió luego de recuperarse, cuando empezó a salir a la calle. La operación le aumentó su autoestima y despertó más atención en los hombres. El éxito de los implantes entre la gente fue una combinación de numerosos factores. El gusto cultural por mujeres más voluptuosas al estilo Marilyn Monroe y Jane Russel. Además también fue el boom de revistas como Playboy y la muñeca Barbie, todas amplias promovedoras de un estereotipo de belleza vinculado a un busto amplio y grande.
Los primeros intentos
Antes de contar con la colaboración de Timmie Jean Lindsey como primer intento, Gerow y Cronin duraron años trabajando su planteamiento de esta nueva clase de implante mamario. El primer intento oficial de implantes de silicona fue realizado sobre una perra llamada Esmeralda, colocando el implante debajo de su piel por unas semanas. Los implantes en sí resultaron inofensivos, aunque debieron removérselos a la perra cuando ésta empezó a morderse los puntos de sutura.
Las primeras aumentadas
Desde antes de que se realizaran los implantes quirúrgicos, la aumentación de busto era una posibilidad. Se hacían antes con implantes de esponja, aunque no era eficiente pues éstas se encogían y endurecían. Luego surgió la silicona, que era el material más popular de la época.
Las primeras en utilizar la silicona fueron las japonesas, las prostitutas para ser más específicos, que se la inyectaban directamente en los senos para así poder sacar mayor ganancia de su nueva clientela estadounidense durante la segunda guerra mundial. Estas inyecciones causaban como consecuencia la "putrefacción de silicona", básicamente una gangrena en el pecho alrededor de donde haya entrado la aguja.
De cuatro tallas a 450 variedades
Cuando Gerow y Cronin realizaron el primer implante, solo contaban con cuatro opciones de tamaño, largo, medio, pequeño y muy pequeño. Hoy en día, cincuenta años después, la cirugía plástica cuenta con numerosos avances en este procedimiento, desde las imágenes 3D, hasta los implantes a prueba de ruptura y esto sin contar las 450 variedades de implantes que pueden ofrecer a sus pacientes.


